Puerto La Cruz, una ciudad petrolera tropical con temperaturas abrasadoras de 95 grados Fahrenheit, se había convertido en un epicentro de culturas, invadida por inmigrantes estadounidenses, europeos y árabes. Este aflujo trajo consigo un privilegio único: la tecnología de las parabólicas, que me abrió las puertas a MTV y a una amplia gama de música internacional. Un día podía saborear una arepa, al siguiente un shawarma árabe, pasta italiana, arroz chino o una auténtica paella española. Esta diversidad dejó una huella imborrable en mi versatilidad. Navegar la escena social como rockero mechudo en chaqueta negra de cuero en una ciudad tropical me llevó a tomar una decisión drástica: convertirme en un rockero tropical. Aprender a bailar merengue y salsa. Habilidades esenciales para sobrevivir. Y ligar.